Accesibilidad Cognitiva

Cuando hablamos de accesibilidad, se suele poner el ojo en aquellos aspectos más tangibles y visibles de ella. La accesibilidad física y la sensorial parecen completar el círculo de necesidades del entorno de las personas con discapacidad.

Pero ¿qué pasa con las personas con discapacidades intelectuales o cognitivas? Lo cierto es que a nivel del espacio físico y a menos que tengan otro tipo de discapacidad física o sensorial, las personas con discapacidad intelectual tienen un alto nivel de autonomía. Aun así, no quiere decir que no necesiten accesibilidad.

La accesibilidad cognitiva refiere a todas aquellas disposiciones del entorno que garanticen la fácil comprensión y disfrute de toda persona, independientemente de su capacidad o discapacidad intelectual.

En este sentido, hay muchísimos apoyos y facilidades que se pueden realizar para que esto sea posible. El uso de pictogramas, por ejemplo, es una forma de ayudar a personas con Trastorno del Espectro Autista a guiarse de manera simple. El uso de un lenguaje fácilmente comprensible es otra forma de generar accesibilidad cognitiva.

El diseño de entornos y espacios cognitivamente accesibles es también crucial para la comodidad y disfrute de la persona. En este aspecto hay mucho por crear. Una línea de cruceros de categoría internacional, por ejemplo, creó una sala de cine en donde el volumen de las películas no supera ciertos decibeles, donde las luces se mantienen prendidas de forma tenue y donde el ambiente y el entorno fueron diseñados de forma amigable y accesible para personas con discapacidad intelectual.

Por otro lado, la importancia de capacitar y sensibilizar al personal para que entiendan la necesidad de la persona que está del otro lado es crucial, especialmente en la actividad turística, donde muchas veces el disfrute (o no) de un servicio o experiencia depende casi totalmente del trato que se recibe. No importan las ayudas técnicas ni espacios diseñados que haya, si no van de la mano de personal capacitado todo lo demás no sirve.

Lograr que un espacio sea accesible a nivel cognitivo requiere más voluntad e imaginación que gasto económico, marca de manera significativa la experiencia y genera una propuesta sumamente positiva y de calidad para todas las personas.

- Lic. Andrés Queirel -